jueves, 6 de noviembre de 2008

La Gran Madre

La gran madre amaneció mirándose en un espejo.
Así nacieron todas las madres. La gran madre tenía los ojos color de abismo. La pequeña madre los tenía color de cielo.
Junto al templo de Kali, en la antigua ciudad de Amber, el sacerdote de túnica roja y de pies manchados con sangre del sacrificio, me explicó que la gran madre tenía los ojos color de abismo. Y así supe que yo no había tenido una madre sino muchas. Porque el color del abismo ha llenado mi vida. Y porque es el abismo el que se abre cada vez más en mi alma.
Busco dentro de mí el ataúd de la madre para abrilo. El ataúd de la madre tiene la forma del cuerpo de la Reina de Saba y también de Jesucristo.
Tiene la forma de nuestra propia alma.
Cuando se abre, el ataúd de la madre se destruye.
Pero un perfume a cedro antiguo envuelve el mundo.

Las visitas de la Reina de Saba, Miguel Serrano
prólogo de C.G. JUNG

viernes, 25 de julio de 2008

tocar el mundo, la vida.

miércoles, 16 de julio de 2008

Una torta que le falta horno, una carreta tirada por muchos caballos en distintas direcciones,
una montaña sin cima.

lunes, 7 de julio de 2008

El sufrimiento es la historia.

miércoles, 2 de julio de 2008

Hacer música deleitable, es sentir el fluir del agua llenar poco a poco un estanque recubierto de venecita. El agua, puede salir de una o varias bocas.
En el centro, una enorme manzana multicolor. Cerca del tallo, un viejito toca su pianola ensimismado.
El agua que crece, a veces sale a chorros, otras gotea.

El viejito continua tocando la pianola, incluso debajo del agua.

En un sólo parpadear, el agua se retrotrae succionando a la manzana al viejito y a la pianola.
Una novia comienza a llorar a cántaros, hasta llenar todo el estanque.
Todos los presentes, absortos, se acercan; aprovechan para remojar sus pies en agua salada.